← Volver al blog

Soledad no deseada en personas mayores: cómo reconocerla y qué se puede hacer

"Estoy bien, no te preocupes". Es probablemente la frase que más oyen los hijos e hijas de personas mayores que viven solas. Y muchas veces es verdad. Pero otras veces esconde algo que cuesta nombrar: la soledad no deseada.

En este artículo explicamos qué es exactamente, cómo reconocerla en una persona mayor (aunque no lo diga) y qué se puede hacer desde la familia, sin agobiar y respetando su manera de vivir.

¿Qué es la soledad no deseada?

La soledad no deseada es la sensación de no tener la compañía o las relaciones que uno querría tener. No depende de cuánta gente haya alrededor, sino de cómo vive la persona esas relaciones.

Por eso conviene separar dos ideas que a menudo se mezclan:

  • Vivir solo es una situación. Mucha gente mayor vive sola por decisión propia y está a gusto así.
  • Sentirse solo es una experiencia. Se puede sentir soledad viviendo en pareja, en familia o rodeado de vecinos.

Lo que preocupa no es que tu madre o tu padre viva solo, sino que se sienta solo y no lo haya elegido.

¿Afecta a muchas personas?

Más de lo que parece, aunque no siempre a quien imaginamos. Según el estudio SoledadES 2023 del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, alrededor del 20 % de la población de Cataluña (unos 1,6 millones de personas) vive con soledad no deseada (Ara).

Un dato que sorprende: el Barómetro de la soledad no deseada en Cataluña 2024, de la Fundación ONCE y la Fundación AXA, la sitúa en el 12,4 % entre las personas de 55 años o más, por debajo de la de los jóvenes (betevé). Es decir: la edad por sí sola no explica la soledad. Lo que la hace más probable son las pérdidas y los cambios: enviudar, que los amigos falten, dejar de conducir, una caída que hace salir menos de casa, una mudanza de los hijos.

Cómo reconocerla aunque no lo diga

La soledad rara vez se confiesa directamente. Se nota en pequeños cambios que, uno a uno, parecen poca cosa:

  • Deja de hacer planes que antes hacía: ya no baja al casal, no queda con las amigas, pone excusas para no ir a comer a casa de nadie.
  • Las llamadas cambian: se alargan mucho porque "no ha hablado con nadie en días", o al revés, se vuelven cortas y sin ganas.
  • Descuida rutinas: come peor o a deshoras, se arregla menos, la casa no está como solía.
  • Habla más de la tele o de la radio que de personas.
  • Aparece el desánimo: "para qué", "a mi edad", "ya no tengo con quién".
  • Se aferra a una sola persona: todo gira en torno a la llamada diaria de un hijo o una hija.

Ninguna de estas señales demuestra nada por sí sola. Lo importante es el cambio respecto a cómo era antes. Y si notas tristeza persistente, pérdida de apetito o de peso, o cambios en el sueño, coméntalo con su médico de cabecera.

Por qué conviene detectarla a tiempo

La soledad prolongada no es solo un mal momento. Suele ir acompañada de menos actividad, peor alimentación y menos ganas de cuidarse, y eso, con los años, pesa. Además, se retroalimenta: cuanto más tiempo pasa una persona sin relacionarse, más le cuesta volver a hacerlo.

La buena noticia es que la soledad no deseada es reversible. Cuanto antes se detecta, más fácil es darle la vuelta.

Qué puede hacer la familia

No hay recetas, pero sí algunas ideas que suelen funcionar:

  1. Preguntar de otra manera. En lugar de "¿estás bien?", que invita a un "sí", prueba con preguntas concretas: "¿con quién has hablado esta semana?", "¿qué has hecho el jueves?".
  2. Proponer, no imponer. Las actividades funcionan cuando la persona las elige. Pregúntale qué le gustaría hacer, no qué debería hacer.
  3. Recuperar vínculos que ya existían: una amiga con la que perdió el contacto, el casal del barrio, la parroquia, el grupo de paseo.
  4. Pensar en la regularidad, no solo en la cantidad. Una llamada a una hora fija cada semana da más seguridad que muchas llamadas sueltas.
  5. Repartir entre hermanos. Si siempre llama la misma persona, la carga y la dependencia se concentran. Compartirlo ayuda a todos.
  6. No hacerlo todo solo. Hay recursos públicos, de voluntariado y profesionales pensados precisamente para esto.

Recursos que existen

  • Servicios sociales del ayuntamiento. Son la puerta de entrada a los recursos municipales: actividades, casals de gent gran, teleasistencia y programas contra la soledad.
  • Entidades de voluntariado, como Amics de la Gent Gran, que organizan acompañamiento y actividades con personas voluntarias.
  • Programas municipales específicos. Varios ayuntamientos, como el de Barcelona, tienen estrategias y guías propias contra la soledad no deseada.
  • Acompañamiento telefónico profesional, como el de Cercadia: una persona de referencia que llama de forma regular, conoce la historia de cada uno y está pendiente de los cambios.

Lo importante es que la persona mayor sienta que hay alguien que cuenta con ella, no que la están examinando.

Preguntas frecuentes

Mi padre dice que prefiere estar solo. ¿Debo insistir?

No necesariamente. Si estar solo es una elección y se le ve bien, hay que respetarlo. Lo que conviene observar es si esa preferencia es real o si es una forma de no reconocer que le cuesta salir o relacionarse.

¿La soledad es lo mismo que la depresión?

No. Son cosas distintas, aunque a veces van juntas. Si la tristeza dura semanas, afecta al sueño, al apetito o a las ganas de hacer cosas, lo adecuado es consultarlo con el médico.


Si te has visto reflejado en este artículo y quieres hablar de la situación de tu madre o tu padre, escríbenos. Te escuchamos sin compromiso.